La llegada del Dassault Mirage F1 a la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) marcó un punto de inflexión en el equilibrio militar de la región andina, en un contexto de tensiones con Perú. Su incorporación respondió a la necesidad urgente de reemplazar aeronaves obsoletas como el Gloster Meteor y el Lockheed F-80 Shooting Star.